sábado, 18 de septiembre de 2021

Fenomenología y Terapia Gestalt Aplicada

lunes, 6 de abril de 2020

Síndrome de Cuarentena 24/7


Los especialistas están alertando sobre una serie de manifestaciones que se están presentando en la población por el encierro forzoso y el confinamiento.

Cuarentena, aislamiento y distanciamiento social: significado ...



¿Cuáles son las manifestaciones?





Es normal sentir toda la gama de sentimientos y emociones perturbadores en algunos momentos que se presentan a lo largo del día frente al aislacmiento.

Aún cuando el internet y las redes sociales permiten estar en contacto, no es similar a la presencia física del otro en nuestras vidas. 

El impacto afectivo además de la sana distancia pone de manifiesto cómo la necesidad afectiva es apremiante en la vida humana.

En mi experiencia, la urgencia de las consultas por ansiedad generalizada está aumentando como factor de dispersion y desorganización emocional.

Cuáles son los factores que disparan estas emociones.

1.- el encierro.

2.- la falta de libertad.

3.- la sensación  de impotencia.

4.- el temor a infectarse.


5.- La duración del confinamiento, a ciencia cierta, no se sabe cuánto durará

6.- El ailmentarse de noticias alarmantes y no oficiales.

7.- La falta de insumos.

8.- No tener el dinero suficiente para abastecerse.

Además, de:

El estrés de la convivencia cotidiana con los que nos toco permanecer o no. Desde la soeldad, hasta el surgimeinto de los conflictos con las personas en relación a la cuarentena.
    
             Relaciones conflictivas en el confinamiento.
           Aumento de la agresión en relaciones tóxicas.
          No saber qué hacer con la familia.
         La soledad.
        No encontrar espacios personales e íntimos en el espacio de confinamiento.



El tiempo interno se apodera de la vida misma cuando se han violentado las rutinas de una manera drástica y por motivos externos.

En estos momentos es recomendable hablar con los especialistas que pueden ayudarte en ester proceso. Se trata de una supervivencia afectiva para todos.


Existen en la red una gran disposición de centros de ayuda y líneas de atención psicológica frente a la contingencia.  BUSCA AYUDA PROFESIONAL

Ana Giorgana


Especialista en intervención psicológica a distancias.


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miércoles, 26 de febrero de 2020

Familias Tóxicas y sus consecuencias...

Algunas Familias privilegian estar juntos, aun cuando, este tipo de vínculos sea enfermizo, disfuncional y ahogue a sus integrantes.

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No todas las familias disfuncionales son tóxicas. 



Es importante reconocer este tipo de fenómeno familiar.

Una Familia Tóxica es aquella en la que alguno de sus miembros, generalmente uno de los padres , ambos o algún hermano, la suegra o cualquier de sus integrantes  presenta rasgos en sus formas y maneras de convivencia que cuentan con diversos factores, como:

a.- Manipulación.
b.- Promueve los sentimientos de culpa y juega constantemente con las emociones y el tiempo de los demás.

Toda relación tóxica mina la salud y el bienestar físico y emocional.

Reconocer que pertenecemos a una familia tóxica o incluso tomar conciencia de que, en algunos momentos, nosotros tenemos comportamientos dañinos para otros, es un proceso doloroso y complicado. 

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La complicación existe porque, además, existe un vínculo afectivo, por tanto, nos afecta y nos lastima lo que ahí se vive.

Las familias tóxicas no permiten libertad a sus miembros. Existe un exceso de autoritarismo y pérdida de límites frente a lo que el otro, generalmente, los hijos y la pareja se ven obligados a aceptar. De lo contrario la dinámica familiar se torna en:

-          Castigos.


-          Agresiones.
-          Mutismos.
-          Chantajes emocionales.
-          Sentimientos de culpa.

Por dolorosa que pueda ser una situación de esta naturaleza, es necesario enfrentar el problema. 

Se requiere una gran fortaleza para lograrlo, existen, como en todas las relaciones humanas factores de poder que llevan a someterse frente a esta persona que lo ostenta y de esa manera, alentamos el comportamiento y las dinámicas tóxicas en la vida en familia.

  
Algunos Ejemplos:



-      El padre que no aprueba los comportamientos de la hija; la hiere, la ofende y le prohíbe vestirse de determinada y salir con sus amistades.

-      La madre que está deprimida permanentemente y habla todo el tiempo sobre sus problemas. Lo ingratos que son los hijos y de cómo ella se preocupa tanto por ellos.

-      El primo que cada vez que la prima tiene un pretendiente lo aleja con agresiones y celos como sí se sintiera el amo y señor de la joven.

-      La hermana que decide cuidar a los padres y después chantajea a los hermanos porque ella es la única que se hace cargo del asunto.

Para poder comprender y salir de una relación de Familia Tóxica es necesario revisar los propios sentimientos.

¿Cómo te sientes viviendo junto a alguien que todo el tiempo te desaprueba, te critica, te ofende y te hiere por tu manera de ser?

1.- Aceptar que el problema existe: la aceptación de los hechos y los comportamientos es el primer paso para resolver un problema. 

El problema de las Familias tóxicas es la culpa, por ello, es necesario revisarla para poder comprender este sentimiento tan destructivo que no permite avanzar.

2.- Poner límites a la situación destructiva o tóxica: no permitir que vuelva a ocurrir. 

Darte cuenta cómo participas tú en ello, y dejar de hacer aquello que alimenta el problema.

3.- Aprender a comunicarte de una manera asertiva: lo que significa que es necesario decir NO cuando no deseas realizar algo. 

Algunas personas dicen sí con el fin de evitar conflictos, aunque posteriormente, les duela la cabeza, estén frustrados o enojados.

4.- Resguardar tu dignidad personal: no admitir gritos, golpes, chantajes ni ninguna circunstancia que pueda herir o poner en riesgo tanto tu persona como tu estima personal. 

El miedo paraliza y una gran cantidad de persona no dicen nada o hablan porque tienen miedo de enfrentar su situación o a la persona que les llena de sufrimiento y dolor. 

Algunas familias amalgamadas llevan a este tipo de vínculos destructivos, no se admite la diferencia, y, por tanto, es necesario hacer una serie de cosas para el bien de la familia aunque sea en detrimento propio.

Las consecuencias de vivir en una familia tóxica son:
       1.- estrés excesivo,
       2.- depresión,
       3.- trastornos de alimentación,
       4.- trastornos de sueño, baja autoestima,
       5.- relaciones de parejas tóxicas y destructivas. 
       6.- una culpa galopante por ser diferentes.


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En mi opinión, la Familia es un espacio en el que se viven situaciones de crecimiento y también de una gran desilusión y disfunción, cómo es, por ejemplo: la violencia, el abuso. Además, de que generan y se aprende a contar con un tipo de relaciones de dependencia malsanas y dolorosas.

La prevención en la familia ayuda a mejorar la calidad de vida de todos los integrantes y que la familia cumpla su verdadera función de protección, solidaridad y respeto entre sus miembros.

Ana Giorgana

Especialista en Terapia de Pareja 
Y Prevención Familiar y Social

Terapia en línea


martes, 16 de julio de 2019

Vivimos anestesiados frente a la violencia familiar y social

La televisión, el radio, los noticieros y los diarios muestran de manera apremiante imágenes y noticias de hechos y circunstancias matizados de arrebatos furiosos. Dibujo de una familia rota en pedazos

El que no mata, arremete, intimida, no sólo en cuestiones de tipo social sino también en lo individual. Seguramente existe un gran público que demanda la puesta en escena de tales eventos, pero también existe, al parecer, una actitud tendenciosa para que las personas la consuman. 
El populi  las reproduce y además, las comenta, las avala, por supuesto, que esos, pasivos de la violencia en los medios de comunicación, somos usted y yo. 
Afortunadamente no todas las personas lo aceptan, no todas lo buscan, pero lo que sí es una realidad, es que todos estamos expuestos e invadidos de su presencia, se nos aparece en todos lados, es una constante que nos inunda y por momentos nos rebasa.
Vivimos anestesiados frente a la violencia:  a fuerza de  mostrarse sin tapujos ni reservas nos acostumbramos a ella.
Vivimos anestesiados frente a la violencia: porque  ya ni nos altera, ni nos sorprende, ni nos afecta y creo que a veces, ni nos importa.
Vivimos anestesiados frente a la violencia: y nos sentimos aliviados de que el que la padece es el otro y no yo, un cualquiera desconocido que ni de mi familia es.
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Vivimos anestesiados frente a la violencia: siendo partícipes pasivos de las imágenes, de las noticias y de la brutalidad misma.
En nuestros ratos de ocio consumimos y vamos al cine a ver a los RAMBOS, las balas, las armas, las metralletas, eso sí el bien siempre se impone sobre el mal, el bueno utiliza toda la artillería para combatir a los malos, que contradicción frente a un bruto otro salvaje para combatirlo. 

Al final, desde mi punto de vista, triunfa la barbarie. En fin salimos del filme muy complacidos porque nos hemos ido a divertir, la realidad es que entramos como salimos sin ningún mensaje que pueda ayudarnos a reflexionar, a crecer, por el contrario, incorporamos sin darnos cuenta la creencia de que para poder triunfar es necesario aniquilar al otro, desbaratarlo. No es un tiro el que lo destruye sino una serie de descargas que le dejan agujerada hasta el alma. Pero eso sí, nos fuimos a divertir.
Vivimos anestesiados frente a la violencia y llevamos a nuestros hijos a divertirse con películas que en fondo muestran el mensaje de la descarga agresiva sin reservas y de manera atropellada. Atropellar al otro para poder ganar, triunfar.
Vivimos anestesiados frente a la violencia y  luego nos asustamos cuando lo vemos en nuestro diario vivir más allá de las pantallas, los diarios o noticieros. Cuando lo experimentamos en carne propia como seres que andamos en la calle. Nos sentimos muy conmovidos cuando lo observamos en nuestros hijos, en nuestros vecinos o cuando somos víctimas de una agresión, de un despojo, de un robo a mano armada, de un secuestro, y entonces decimos frases como:
  • Me fue barato, me asaltaron pero a mí no me paso nada.
  • Sólo se llevaron el coche, pero por lo menos me devolvieron la cartera.
  • Les tuve que dar todo: mi reloj, mi cartera, mis anillos, pero afortunadamente no me lastimaron.
Estas expresiones nos ponen por lo menos en la tesitura de darnos cuenta de que vivimos anestesiados frente a la violencia, y en estos casos, no reaccionamos como un acto de supervivencia, en este sentido la anestesia cumple una función protectora y negadora de la situación que no nos deja experimentar libertad en  el entorno en que que habitamos. 

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Sin embargo, me parece que esta expresión social es también una representación de lo que a una gran cantidad de personas en lo individual, en su experiencia de vida y en su transitar por el mundo.

VIVIMOS ANESTESIADOS FRENTE A NUESTRA PROPIA VIOLENCIA Y A LA DE LOS NUESTROS, ESOS OTROS QUE REPRESENTAN NUESTROS LAZOS MAS QUERIDOS.

María, Rosa, Federico, Juan o tal vez, Tú o Yo, el nombre es lo de menos, vivimos en hogares o ambientes cuya principal manera de expresarse es a través de:
  • GRITOS
  • INSULTOS
  • GOLPES
  • MUTISMOS
  • INDIFERENCIAS
Y sin embargo, María, Rosa, Federico o Juan creen o están convencidos que si esto sucede, es seguramente porque:
  • NO HACEN BIEN LAS COSAS
  • SE LO MERECEN
  • SON INADECUADOS
  • NO SON BUENAS PERSONAS
En el fondo sus almas y sus personas se encuentran y viven generalmente con sentimientos de:
  • ANSIEDAD
  • TRISTEZA
  • DEPRESIÓN
  • CULPA
  • CONFUSIÓN
Algo en su vida no les cuadra. Viven anestesiados ya que una de las consecuencias de la misma….viven anestesiados frente a la violencia…ya que una de las consecuencias de la violencia es precisamente la anestesia que nos protege de sentir el profundo dolor de ser violentados.
Vivimos anestesiados frente a la violencia…y ni siquiera podemos llamarla por su nombre, la escondemos, la disfrazamos.
Vivimos anestesiados frente a la violencia…porque algunas veces es silenciosa, se expresa de manera velada, no la reconocemos como tal, y sin embargo, ahí está como nuestra compañera minando nuestra salud, nuestras emociones, nuestras relaciones y nuestra vida misma.
Cuando la violencia está presente en nuestras vidas la vivencia y la experiencia de la propia existencia es de:
  • ANESTESIA
  • PARÁLSIS
  • CONFUSIÓN
  • MIEDO
  • INSEGURIDAD
Vivimos anestesiados frente a la violencia y preferimos callarla o la justificamos con frases como:
  • Tu papá es así...
  • Comprende a tu mamá está muy cansada...
  • Tu hermano no ha madurado...
  • En alguien tiene que caber la prudencia…
Y, así la dejamos de lado nuevamente, la escondemos y deseamos ponerle una lápida encima pero al final nuestra alma quiere alzar la voz pero de un revés la asentamos. 
Parece haber un acuerdo tácito, no expresado: QUE NADIE HABLE DE ELLA, es más tranquilizante,  aunque por dentro nuestro espíritu muere por vociferarla a los cuatro vientos. 
Es mejor así, no queremos ser más causa de violencia ni de problemas.
Vivimos anestesiados frente a la violencia, la toleramos como algo inevitable, como la gran fatalidad que nos acompaña, como una colega que empaña nuestras vidas. Y no logramos a darnos cuenta que en la medida que más la toleramos más la alentamos.
Y cuando digo nombrarla, no me refiero a la denuncia jurídica, sino a contar, relatar, a liberar los dolores y malestares que la violencia implica. 
Pero ello,  implica un riesgo, muy grande y comprometedor por cierto, el peligro confrontar nuestros propios miedos, nuestra propia vulnerabilidad, nuestras calamidades, nuestras heridas más profundas, y al mismo tiempo por extraño que parezca, la posibilidad de entrar en contacto con nuestra propia fuerza. 
Es necesario utilizarla porque la violencia de suyo nos sujeta y nos condena a una posición de víctimas. Sufrimos en silencio. Padecemos calladitos y derramamos nuestras lágrimas apartados hasta de nosotros mismos.
HABLAR DE LA VIOLENCIA Y TRASPASAR EL SENDERO DEL MIEDO ES LA ÚNICA MANERA DE ENFRENTARLA Y ES LA ALTERNATIVA VIABLE PARA SUPERARLA.
Todos en algún momento de nuestra vida la hemos experimentado, sufrido o ejercido algún tipo de violencia, tal vez, sin darnos cuenta, porque  cuando vivimos anestesiados frente a la violencia,  se ha convertido en una pauta crónica, de todos los días y, es ahí, donde causa sus mayores estragos.
Estoy convencida que el miedo a las represalias es lo que nos paraliza a no enfrentarla. Ese miedo que nos obliga a mantenernos en silencio, sin saber que es justamente la expresión de la misma, es un acto liberador que nos revitaliza y vivifica nuestra existencia.
Vivimos anestesiados y el éter de la violencia nos condena a creer que no hay solución a nuestra tan minada existencia. La mejor manera de ir despertando de esta pesadilla, cuando se vive, es permitir la expresión de la humillación y la desventura. Las lágrimas son un antídoto maravilloso en el inicio de este proceso de rehacernos y recuperar nuestra integridad, nuestro amor a la vida y a nosotros mismos. Estar alertas e ir despertando de estas vivencias es un proceso, se da de a poquitos, lentamente, de manera pausada, es decir, lo contrario a la violencia.
Tal vez, si estamos en una situación como ésta es importante empezar por reconocer que estamos ahí y que nuestras lágrimas broten como bien se les antoje.
Romper el círculo de violencia en soledad  es una tarea de titanes, lo que se requiere es comprensión, compasión y sinceridad-

La psicoterapia es una posibilidad:  una escucha afectiva y comprensiva es otra, lo importante es liberarla. Posibilidades para resolverla existen  instituciones, terapeutas, médicos, especialistas, no dude en recurrir a ellos.
Traspasar los límites de la violencia es el inicio de la recuperación emocional.
Todo ser humano tiene derecho a una vida digna. 
La responsabilidad es tomar acciones pequeñas y concretas para la recuperación.

 Ana Giorgana 



Especialista en Terapia de Pareja 




Y Prevención Familiar y Social














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lunes, 20 de agosto de 2018

Guia Práctica para elaborar un Programa de Prevención en Adicciones

DUrante dos años he trabajado en un programa muy exitoso que ha tenido como objetivo formar personas comprometidas en la participación social en referencia al tema: Prevención de Adicciones.

EN el programa Centinela de las Adicciones elaboramos una metodología para llevar a cabo este proceso de formación de capacitadores acreditados para realizar esa función.

Hoy, el trabajo, el esfuerzo y compromiso de todos ha rendido sus frutos.
Te lo compartimos, por el momento, solo está disponible en digital


 Ana Giorgana
                   cecreto52@gmail.com

miércoles, 10 de enero de 2018

Adicciones y Familia

Las adicciones son un problema multifactorial que en los 
últimos años está expandiéndose de una manera 
considerable, principalmente, en los jóvenes.


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Se dice que una familia se encuentra afectada por la 
adicción de alguno de sus miembros, cuando el consumo de 
la persona afecta la vida de la familia y la perturba tanto en 
su manera de funcionar como en las pautas de 
comportamiento.

Una familia está afectada por la adicción, cuando:
1.- La atención está centrada en el adicto y su comportamiento.