sábado, 28 de mayo de 2011

Un paseo por la ciudad...



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Mayo 2011 
Calidad de vida emocional
Marzo 2011

Ana Giorgana


Todos los días pasamos y pasamos por las mismas calles sin advertir detenidamente lo que acontece en ellas. Recorremos los mismos caminos, una y otra vez, y nos somos capaces de percatarnos de los cambios y contradicciones que se suceden en nuestras calles y avenidas.

Un boulevard planeado para dignificar una ciudad de pronto se encuentra con una serie de construcciones de un lado y otro, sin dejar lugar para las banquetas, para los paseantes o para que las familias puedan disfrutar de esas construcciones. Las avenidas grandes están hechas para los coches o mejor dicho para los automovilistas.


Y no solo eso, es esta ciudad cerca de un Hospital en el que se encuentran pacientes que requieren de tranquilidad y espacios armoniosos para su recuperación, a alguien, se le ocurre que puede montar junto a ese nosocomio, una feria con un gran rondel que parece estar diseñado para algún espectáculo masivo.

Con ello viene el montaje de carpas enormes anunciando el nombre de una cervecería. El día, la tarde y la noche serán escandalosas, llenas de fiesta, de música y de copa y trago. La basura, los puestos de comida y una gran verbena popular estará al servicio de quien quiera divertirse en ese lugar.

La gran contradicción se suscita cuando observamos el entorno. 

¿Todo esto frente a un Hospital?

¿No le parece que carece de una lógica?

Además es una avenida que no cuenta con las condiciones de transporte para llevar a todos los usuarios al lugar y por supuesto que la avenida se llenará de coche como un gran estacionamiento, de franeleros que ocupan los lugares y “cuidan los automóviles”, además de ser un sitio que terminará sus actividades hasta altas horas de la noche. Con baños improvisados en un terreno que no cuenta siquiera con un camino lo suficientemente plano para, incluso, ofrecer confort a los usuarios.

Y los enfermos?

Ellos no cuentan con ninguna posibilidad de protestar. Están en ese lugar para recuperarse lo mejor posible de lo que les aqueje. Merecen contar con un espacio libre de contaminación de todo tipo.

Pero esos permisos se otorgan desde alguna administración y con ello por supuesto que vendrá una derrama económica tanto para los dueños de la feriecilla como para las autoridades competentes.

En ese terreno, en lo específico, en otras ocasiones se han dado otros permisos para ferias de caballos, circos y entretenimiento para niños.

En otros sitios también se observan contradicciones y fallas en la sensibilidad de quienes otorgan los permisos, de quiénes son los dueños de los espectáculos y también del mismo Hospital que pareciera no impugna por la seguridad de sus usuarios.

Supongamos por ejemplo una persona con un ataque de asma que tiene que ser hospitalizada. Se imagina usted en los momentos en los que el circo se encuentra funcionando todo lo que tiene que respirar. O bien situémonos en el escenario de una persona que ha sufrido un ataque cardiáco.

 ¿Está en condiciones de escuchar todo ese escándalo durante la tarde y parte del día?

Este es solo un ejemplo del paseo por mi ciudad, yo le aseguro, que si usted observa un poco más en donde habita de cuántas contradicciones puede percatarse al respecto?

Sin embargo, los gobiernos y las autoridades administrativas están al servicio de la ciudadanía. Los ciudadanos también tenemos que estar alertas para que dichas aberraciones no tengan lugar.

El problema es que nos conformamos. Lo vemos, y a veces, ni eso. Y pasamos de largo. Lo damos por sentado, lo dejamos pasar y seguimos con lo nuestro.

En México el urbanismo brilla por su ausencia y la lógica parece no operar en algunas decisiones que nos atañen a todos como habitantes de estas ciudades.

No se trata de entrar en pugna con las autoridades sino de crear condiciones más armónicas en la mayoría de los ámbitos para el bien común. Y eso, nos atañe a todos!

La responsabilidad es compartida. Tampoco somos ajenos a que algún día estemos expuestos a sufrir un ataque de ansiedad, a que un hijo se nos enferme o que un familiar tenga que estar hospitalizado y nos encontremos en la tesitura de tener que tolerar condiciones como las expuestas anteriormente, mientras nuestro familiar se recupera.

Este es solo un ejemplo de lo que acontece solo en un espacio citadino. Pero se observa en todas y cada una de las calles. Por ejemplo existen lindas avenidas llenas de cafés y restaurantes que las personas disfrutan durante todo el día. Es una calle transitada pero ninguno de los establecimientos cuenta con estacionamiento.

Cómo entonces se otorgan permisos de tantos cafés y restaurantes, que seguramente, como son las cosas en México, cada uno de los comensales lleva su propio automóvil. En dónde se van ubicar estos automóviles, pues en las calles aledañas. Los vecinos de esas colonias han perdido su privacia.

Las cocheras, las entradas a sus casas están siempre ocupadas. Cada establecimiento contrata su propio servicio de “Valet Parking” para que los clientes cuenten con la facilidad de que se les reciba su coche en la puerta. Y eso está muy bien. El gran problema es que no cuentan con espacios propios para ubicarlos. Los locatarios de estos lugares se apropian de todas y cada una de las calles aledañas para que les sirven de estacionamiento.

Si por alguna razón se tiene que ir a una oficina o cerca de estos lugares. No existe forma de poder dejar el coche en un lugar cercano a la oficina.

¿Por qué?

Porque esos lugares están reservados a las personas que están dispuestas a consumir en sus locales. Y aquellos que estacionan los coches, qué cree: pues ya los tienen todos apartados con: cubetas, conos y piedras. Y lo peor! Que si uno se atreve a quejarse. Lo único que recibimos como respuesta es: sí no va al restaurante o al café no hay lugar.

Y me pregunto: ¿de quién es la calle?
Por más que la lógica me dice lo contrario no me queda más remedio que estacionarme seis calles lejos de donde tengo que hacer un trámite en alguna dependencia. Un calor que me derrite al caminar casi en medio de la calle porque las banquetas son tan estrechas que no cabemos dos en un sola vía.

Al llegar a los trámites que necesito realizar han cerrado la ventanilla porque me tarde demasiado en estacionar el coche. Necesito regresar mañana, haber si no tengo que ir a dar al hospital por esta insolación, pero espero, que no me tenga que llegar a ese dónde seguramente no podré descansar.

En mi paseo por la ciudad considero que es una cuestión de lógica. La lógica es un principio que rige los principios que ayudan a normar y distinguir el razonamiento correcto o incorrecto. En este sentido existe una lógica natural que no necesita ser científica sino que se funda en el sentido común.

Ah! Como dice Aristóteles, existe una lógica difusa o borrosa en la que existe una cierta incertidumbre entre lo verdadero y lo falso.  Y parece, que algunas decisiones en nuestras ciudades se encuentra operando en esta forma de raciocinio.

La ciudad es de todos, de manera qué, necesitamos estar más conscientes de lo que sucede en ella. No le parece?

Gracias por leerme mi misión es la calidad de vida emocional y su impacto en lo social.
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Artículo publicado en la columna sabatina de Milenio Diario Puebla
Columna: Calidad de Vida Emocional y su Impacto en lo Social.



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